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«Vas con las esparteñas y no puedes ni caminar» |
| 07.04.10 - D. VIDAL | |||
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La lucha entre tradición y moda se palpa entre montaditos, cañas, 'chorricos' y colas en las barracas
Dos jóvenes ataviados con chalecos, zaragüelles, y 'bambas' se besan cerca del jardín del Salitre. :: G. CARRIÓN «Si es que vas con las esparteñas y no puedes ni caminar... ¡Te dije que no te las pusieras!» El pobre chaval recibe el rapapolvo de su novia con estoicidad. Sabe que cumplir con la tradición bien vale una bronca de los más 'anti-retro'. Por eso no se pone calzado deportivo ni otra aberración semejante, como la que luce su novia con unas 'bambas' de último modelo. Él no. Él, esparteñas y a sufrir. Orgullo de padres. Orgullo de abuelos. Este chico -de cuyo nombre no puedo acordarme- camina con dolor, pero parece no importarle. Sólo él sabe hasta qué momento del día pudo aguantar. Pero es de los que vive la fiesta siendo fieles a la tradición. No todos pueden decir lo mismo. De hecho, cada año cuesta más trabajo ver a los jóvenes murcianos con sus correspondientes esparteñas. Mucho más complicado es ver a las chicas de 16 y 17 años con el tradicional refajo. Ana, con unas gafas tamaño XXL, un 'chorrico' en la mano y unas 'puma' en los pies, lo tiene claro: «eso del refajo y las esparteñas es para las abuelas y las madres, nosotras tenemos que ir...cómodas. Y guapas también, por supuesto». Al fin confesaron. Ascensión, que ya pasa los 60, no puede decir lo mismo. Va de calle, como todos los días, «porque ya no tengo edad para vestirme. Pero me encanta salir para ver todo esto. Eso sí que no me la quita nadie». Ella y su marido salían antaño en la peña La Collera, del Rincón de Beniscornia, «pero ya ni existe». En lo que Ascensión se explica, una huertana en coche casi se lleva por delante a una huertana a pie. «Esto es un desmadre», asegura. «Hace años esto no era así, pero por lo menos ha ganado en cantidad de gente y en alegría». Y también en ingenio. Que se lo digan a Miguel, delegado de campo del CB Murcia, que el lunes 'tuneó' el carrito de los niños para convertirlo en un 'carrito-barraca'. Lo nunca visto. «Quería darle un toque especial y también proteger el carro y los niños de la lluvia. Tardé cinco horas», puntualiza. Entre el jolgorio y la algarabía se podía encontrar algún que otro inmigrante con los ojos bien abiertos. Es el caso de Sekou, de Malí, que asegura «no haber visto nada igual» en su vida. Lleva dos años en Murcia y vivió el Bando del año pasado, pero no por eso deja de sorprenderse. «Paseo solo, pero casi es mejor para poder ver el ambiente». También alucinan con la fiesta por excelencia de Murcia dos marroquíes que no atinan a decir dos palabras seguidas sobre lo que les parece ver a miles de huertanos por la calle. Para los dos es el primer Bando de la Huerta. Y los dos se marchan mirando la calle de un lado a otro como dos extraterrestres. Cerca de ellos, Juan, un comerciante jiennense que lleva vendiendo pipas, chucherías y juguetes en el Bando desde hace seis años, se queja de la crisis. «No se vende nada, la gente no gasta y así no se puede. De hacer el agosto, nada de nada. Como mucho puedo llegar a sacar 100 euros, que para un día como hoy es bastante poco». Juan, sin embargo, no cree que el Bando se conozca poco fuera de la Región. «De hecho, yo me vine aquí porque sabía la que se montaba este día. Creo que tiene bastante repercusión». El periodista se deja llevar por los 'cantos de sirena' de un grupo de músicos que tocan los tambores a ritmo de batucada, haciendo las delicias de jóvenes y no tan jóvenes en el Paseo Alfonso X. Visualmente, Vicenta destaca sobre el resto. Vicenta es una «murciana de pura cepa» que tiene «23 años + 40». Una abuela con mucho ritmo que baila con una energía envidiable. «Pero no soy yo sola. Toda mi pandilla bailamos igual...». «¡Somos las doce magníficas», interviene una amiga. -¿Me vas a preguntar sobre política o algo serio? -No, no, nada más lejos de mi intención. Hoy sólo fiesta... -Pues mejor... Fiesta, fiesta... Estas amigas se quedan tomando cañas, aunque la gente empieza a movilizarse para comer. Unos sacan los platos de casa y otros se acercan a las barracas. Parece que por la calle, en el centro, hay menos gente que otros años. Pero la percepción varía según el color del cristal con el que se mira. Porque en los jardines no se podía ni pasar. La fiesta juvenil era la reina de la mañana y no se admitían injerencias externas. Los codos lo atestiguaban. Al acudir a una barraca para echarse algo de comer a la boca, quedaba meridianamente claro que el Bando no sabe de estrecheces económicas y coyunturas pesimistas. Quien conseguía comida y bebida antes de un cuarto de hora, o era muy listo o tenía mucha suerte. Las melopeas y las 'empacheras' iban 'in crescendo' a medida que avanzaba el mediodía. Y eso que aún quedaba el desfile, que muchos no llegaron a ver. Algunos tampoco podían caminar cuando empezó el Bando en sí, pero no culpen a las esparteñas.
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![]() Estallido de flores en el desfile (12/04/2012) |


