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"Me siento orgullosa de ser murciana" |
| 04.04.10 - ANTONIO ARCO | |||
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Pepa Aniorte Actriz y Doña Sardina -¿Fue Pepa Aniorte una niña feliz? -Muy feliz; yo tuve la infancia más feliz del mundo y la adolescencia más perversa que se pueda tener. -¿Por qué lo dice? -Porque mi infancia fue tan feliz que a lo mejor, pienso yo, era necesario algo de contraste, y llegó el contraste. De adolescente me encontraba muy 'desubicá'. Sin dramas ni historias raras, pero muy 'desubicá'. A mí lo que me gustaba era el 'artisteo', y claro, de pronto me encontraba encerrada en una clase de Física y Química y me decía, '¿qué coño hago yo aquí a las seis de la tarde, con el 'solecico' que hace en la calle y lo bien que podría estar yo con mi guitarra y mis colegas?'. No entendía nada de nada y no me apetecía nunca estar donde tenía que estar siempre. -¿Llegó a entender lo ocurrido? -He pensado, con el tiempo, que quizás tuvo algo que ver el hecho de que yo he vivido mucho a remolque de mis hermanas, que eran mucho más mayores que yo. Yo ansiaba siempre tener más edad, más libertad, poder hacer muchas cosas. A mí cumplir años me parece una bendición, porque yo me siento mejor conforme voy cumpliendo años. Hacerme mayor no me importa en absoluto, ni me preocupan las arrugas ni que se me caigan las carnes. Yo, a veces, me imagino ya con 60 años y no me importa lo más mínimo, al contrario: me veo totalmente libre y fenomenal, diciendo y comiendo todo lo que me dé la gana. -¿Qué recuerdos guarda de aquellos años felices de los que habla? -Vivíamos en La Flota, rodeados de mucha huerta; recuerdo los membrilleros y las moreras de las que me caía porque me subía como una loca para coger hojas para los gusanos de seda. ¡He llevado once escayolas a lo largo de mi infancia! Recuerdo la imagen de la acequia camino del colegio en Vistabella, y los veranos jugando en la calle sin coches hasta muy tarde. Tuve una infancia muy feliz, muy de cabra loca, muy en contacto con la naturaleza. Bueno, yo he sido siempre un 'poquillo' cabra loca y me he ido buscando la vida a salto de mata. -¿Cuándo descubrió que estaba hecha para el espectáculo? -¿Yo? ¡No me acuerdo! Siempre que me preguntaban lo que quería ser de mayor, yo decía que artista. No es que tuviese una inclinación especial por la música, por el teatro, por el cine o por el baile; ¡me gustaba todo! Y, de pequeña, a lo que más me gustaba jugar era a los festivales de Eurovisión, que ganaba siempre España con un exitazo total. Y me metí en una peña huertana, y en la tuna. En la peña La Tinaja cantaba, bailaba, tocaba la bandurria, la guitarra, las castañuelas...; tenía cuatro años cuando aprendí a tocar la bandurria, en una tuna mixta de La Aparecida, el pueblo de mi abuela. Recuerdo que había un señor con noventa años, sordo perdido, que tocaba el violín de maravilla; su ejemplo me sirvió de mucho, nunca lo olvido. -¿Con qué soñaba? -Con la tele y con el cine. Yo creo que 'Lo que el viento se llevó' la habré visto unas cuatrocientas veces. Mi madre me decía, siendo yo muy 'chiquitica': «¿Otra vez viendo la tele? ¡Tú no estudies, a ver si te crees que la tele te va a dar de comer!». Mi 'pobretica' madre, y mira tú, al final así ha sido: la tele me da de comer. -Pero antes de eso, y de llegar a Madrid con lo puesto, se pasó trece años cantando en una orquesta. ¿Qué tal la experiencia? -Fue mi primer trabajo profesional, con 18 'añicos'. Empecé en Bohemia Musical, y en menos de un año ya estaba con La Cuadrilla Latina, cantando de pueblo en pueblo y más feliz que una mona. Yo cantaba en los carnavales de Cabezo de Torres sintiéndome la mejor artista del mundo, con la misma entrega que si hubiera cantado en los de Brasil; me dejaba la voz y la piel. Nos pasó de todo, anécdotas tengo para aburrir. -Cuéntenos una. -Una vez me tuve que cambiar en un establo con vaca incluida. A la vaca le debía yo de hacer mucha gracia, a la 'jodía', porque no paraba de mirarme. Le tuve que pedir a una compañera que entretuviese a la vaca, porque no le veía yo cara de tener muy buenas intenciones. -Da la impresión de que no se arrepiente de nada. -¡De nada! Yo he sido muy feliz, de verdad que sí. Es cierto que tengo un carácter muy dramático y muy folclórico, pero a la hora de disfrutar de la vida yo me apunto la primera de todas. Vivo con mucha intensidad. Se lo digo muchas veces a mi madre, que es muy sufridora, cuando se preocupa por lo que me pueda pasar en la vida. «Mamá -le digo-, quédate tranquila porque yo me lo he pasado muy bien en esta vida, y el día que me tenga que ir me iré muy feliz». Yo me partía el culo cantando en los escenarios, y me daba igual que me escucharan diez personas que mil. Y por supuesto que trabajábamos muchas veces en condiciones penosas, pero ahí estaba la gente queriendo pasárselo bien y a mí lo que gusta es eso: hacer que la gente se lo pase bien. Un billete de mil duros -¿Le preocupaba no gustar? -Procuraba que eso no pasara, a ver si me entiendes, pero tuve claro desde muy pronto que si te metes al mundo del espectáculo tienes que saber que tú no eres un billete de mil duros, que le gusta a todo el mundo. Tú le puedes gustar a unos y horrorizarle a otros, y eso lo tienes que tener claro o es que eres gilipollas. -¿Cómo llegó a la interpretación? -Yo no era una gran cantante, lo que me gustaba era interpretar los temas que cantaba, comunicar, inventarme personajes...; así es que me apunté a la Escuela de Arte Dramático. Pero, ¿sabes qué? -¿Qué? -Que la verdad es que yo me fui a Madrid realmente a hacer doblaje, porque yo tenía muchísimos problemas con mi imagen y pensaba que jamás en la vida yo iba a hacer una película, ni una serie ni nada de eso. Yo pensaba que esto del cine y de la televisión era para las guapas, y yo no soy precisamente Vivien Leigh. Me fui a hacer doblaje y, al final, fíjate tú mi buena estrella. -También las pasó canutas al principio, ¿no? -¡Ya te digo! Pasé mis penurias en Madrid, claro que sí: sin dinero, sin saber qué va a ser de ti, sin conocer a nadie al principio...; pero así se te quitan todas las tonterías y, además, la verdad es que yo he sido muy feliz incluso en las épocas malas. -¿Gracias a qué? -A que siempre he tenido un escenario, aunque fuese muy pequeñito, para subirme en él. Aunque haya limpiado casas, que he limpiado muchas, y haya puesto copas, que también he puesto muchas, ¡y yo no bebo ni una 'gotica' de alcohol porque soy muy de agua!, todo me compensaba cuando me salía alguna actuación, aunque fuera para cuatro gatos. -Y llegó el milagro de 'Los Serrano', donde su personaje, La Choni, se convirtió en un fenómeno. -¡Un milagro total! Mi meta era divertirme mucho con lo que hiciera y poder vivir algún día de algo relacionado con lo artístico. La Choni fue un regalo bestial que te mueres, me tocó el Gordo con ella. Al principio sólo tenía que aparecer en dos capítulos, pero funcionó y llegaron cinco más, y luego más y más y así hasta dos años y medio. -Al principio, La Choni irrumpió en 'Los Serrano' como un personaje seco, resentido, malicioso, borde. Fue conocerla y odiarla al instante. ¿Eso no le fastidiaba? -¡Qué va, me encanta hacer de mala! Además, yo sé que nadie es bueno ni malo del todo. En el fondo, con todo su punto borde a las claras y de frente, era una mujer muy realista y muy valiente, una tía que parecía que estaba loca, pero que sabía salir como el 'ave Fénix' de los golpes que te da la vida. Además, era muy graciosa; ¿te acuerdas de que decía cosas como 'es que Diego, tú lo sodomizas todo'? Tenía muchas confusiones dialécticas muy chulas. -¿Se divierte poniéndoles acento murciano a sus personajes? -Me lo paso bomba, porque yo de ser murciana me siento muy orgullosa. Llegaba a las tiendas de Madrid y decía «dame un 'trocico' de jamón, dame un 'trocico' de queso». Y cuando me decían que se notaba que era murciana, me ponía yo tan contenta. Mis compañeros flipan cuando digo cosas que en Murcia son muy habituales, como 'luego a luego', 'eso que hace picoesquina', 'pijo', 'lejica', 'acho', 'nena', 'nenico'... Es verdad que a veces los murcianos, tontamente, nos acomplejamos un poco de nuestra manera de hablar, y resulta que luego fuera hace mucha gracia, y tiene su punto como lo puede tener el andaluz o el gallego. El hablar murciano es muy agradable, muy 'bonico' y muy acogedor. Flipante -De éxito en éxito. Ahora es Catalina en 'Águila roja' (TVE-1), una serie que también ha logrado una envidiable audiencia millonaria. -Es flipante, flipante. En esta profesión, que es muy 'jodía', yo sé que he caído de pie desde el principio, y que soy la persona que más suerte tiene del mundo. ¿Y los directores con los que he trabajado, nene? Jaime Chávarri, Fernando León de Aranoa, Benito Zambrano, Antonio Banderas, Pedro Almodóvar... ¡Coño, han sido papeles muy 'chiquiticos', es verdad, pero con gente muy grande de la que he podido aprender muchísimo! Y en la tele, ¿qué quieres que te diga? Millones de españoles me permiten que me cuele en sus casas, que les cuente cosas, que les entretenga; se ríen conmigo, se emocionan conmigo... -¿No termina de creérselo? -No sé qué decirte. Yo me lo curro muchísimo, eso sí que es verdad, pero también mucha gente se lo curra a tope y no le ha tocado la Lotería como a mí, que no soy mejor que nadie. Así es que me paso el día dando gracias por todo, y voy poniendo 'cartelicos' por toda mi casa: «Ésta es una casa afortunada», «Ésta es una casa próspera». Yo me creo eso de que teniendo pensamientos positivos atraes cosas positivas. Me lo creo porque la vida me lo ha demostrado. Me levanto casi de madrugada y ya empiezo a dar gracias, y le pido muy pocas 'cosicas' a la vida: salud para los míos, ser una actriz a la que la gente se crea de verdad, y que trabajo no me falte. No soy yo mujer de propiedades ni de grandes viajes; si quiero ver el Taj Mahal, me pongo un documental y me quedo más contenta que unas pascuas. Doy gracias hasta por todas las facturas que tengo que pagar, porque eso quiere decir que tengo una casa y puedo vivir de lo que más me gusta. -¿Tiene miedo? -Intento no tenerlo; cuando me entra el miedo llevo corriendo la mente hacia otro sitio. Me digo, «¿por qué las cosas van a ir a peor si pueden ir a mejor?». En la vida todos vamos a oscuras y no sabemos lo que nos va a pasar mañana, pero no puedes vivir 'acojonao'. No funciona. -¿Qué consejo no olvida nunca? -Uno que me dio mi padre, que es la persona con mayor sentido común que he conocido. Me dijo: «Nena, tú donde vayas pórtate con la gente como te gustaría que la gente se portase contigo, porque eso nunca falla». Y la verdad es que tiene razón, porque lo he comprobado y además me he dado cuenta de que así eres más feliz. -¿Tiene complejos? -Mogollón de complejos, incluidos los propios que tenemos las mujeres con nuestro cuerpo, porque somos muy exigentes y muy pavas, la verdad. ¡A ver si cuando tenga 60 años me importa ya una mierda el culo que tenga y me puedo comer todos los pasteles de carne que quiera! ¡Ay, madre mía, los pasteles de carne son mi locura! -¿Con cuál de ellos batalla más? -Hay muchas cosas de mi interior que me preocupan, pero a nivel físico pesa mucho el hecho de que yo de jovencita era muy gordita, y tengo que estar siempre muy pendiente de no subir mucho de peso. Necesito sentirme ligera en mi cuerpo. -¿Cuál es su filosofía de vida? -Lo primero de todo: hacer las cosas que me apetece hacer sin tener que dañar a nadie, porque yo tengo que dormir cada noche teniendo la conciencia tranquila, sin malos rollos con nadie. No jorobar, no hacerle la puñeta a nadie. Y en segundo lugar: haz todo lo feliz que te sea posible a la gente que quieres y a todo el mundo que puedas. Y en tercer lugar: no te amargues la vida porque al final va a ser lo que tenga que ser. Hay un bar en Madrid, que me hace mucha gracia, que se llama 'Lo que está pa ti...'; y así es. Creo totalmente en el destino. -¿Contra qué se rebela? -Contra la 'tontuna', porque hay mucha 'tontuna'. -¿A qué no va a renunciar? -Lo principal, a querer y a que me quieran. Me merezco que me quieran porque yo soy capaz de querer. -¿Qué la vuelve loca? -A mí, ¡Hugh Grant! (risas). Soy una enamorada perdida suya. Me encanta esa sonrisa que tiene, sus muecas y esa imbecilidad suya tan inglesa que me vuelve loca. -Vaya, ¿y qué dice su pareja? -Qué va a decir el 'pobretico', si mi novio sabe que en mi vida no hay más hombre que él, y que, ya en serio, soy ahora mismo la mujer más enamorada del mundo. -¿Lo ha pasado mal por amor? -Claro, yo soy muy de la copla, muy tremenda, muy de sufrir a muerte cuando toca sufrir. Pero, después, salgo del pozo como una reina. Lleva en su móvil guardada como un tesoro la fotografía de su perrita vestida de huertana. La adora. Se llama Choni, como el personaje de 'Los Serrano' (Tele 5) que lanzó a su dueña a la fama. Su dueña es Pepa Aniorte (Murcia, 1973), excelente actriz que puede convencerte sin problemas de que es la Virgen María o de que es más mala que Ángela Channing. Su vida parece que le ha tocado en una tómbola: de cantar en las verbenas a protagonizar series que son líderes de audiencia, la última 'Águila Roja' (TVE-1). Devora culebrones y coplas, admira hasta la última gota de su sangre a Bette Davis y a Lola Flores, arrasa por el mundo con su acento murciano y no se tiene en pie de buena personas que es. Pepa Aniorte es una deliciosa bomba humana de relojería, feliz, auténtica, agradecida. «Estoy muy orgullosa de ser murciana», dice la actriz, hija «de Pepe y de Fina» y la pequeña de tres hermanas. Se pasa la vida sobre las vías del tren entre Murcia y Madrid. Esta semana de Fiestas de Primavera será una popular Doña Sardina «empeñada en hacer a la gente feliz».
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