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Entierro de la Sardina

Entierro de la Sardina

El humilde Entierro de hace un siglo

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01.05.11 - ANTONIO BOTÍAS

Una grave crisis económica hizo pender de un hilo el desfile de 1911

El humilde Entierro de hace un siglo

Historia. Instantánea de varios hachoneros durante el cortejo por las calles de Murcia ante la atenta mirada del público.

El alcalde Diego García, en aquella histórica sesión municipal del 17 de febrero de 1911, andaba delicado de salud. Acababa de superar una grave dolencia, que lo había mantenido encamado desde hacía varias semanas. Así que poca gracia le hacía hablar de entierros, aunque fuera el de la Sardina. Pero los periodistas le habían preguntado unos días antes si habría festejo, pese a la grave crisis económica que atravesaban las arcas municipales, al borde de la bancarrota.

En aquella ocasión, el alcalde fue muy hábil: «¡Desde luego que apoyaré el Entierro! Estoy esperando que se pronuncie la junta festera del año pasado». Y vaya si se pronunció. La Federación de Gremios le solicitó al edil las 7.000 pesetas necesarias para organizar el cortejo.

En esas llegó el día del Pleno. La discusión fue tan encendida como los hachones que acompañan las carrozas del desfile. Sólo había unanimidad en una cosa: todos querían Entierro; pero no quedaba ni un real. A dos meses vista de su celebración, alguien propuso dar un paso adelante, aprobar la iniciativa sin plantearse cómo estaría la caja municipal en abril. Fue entonces cuando la voz del alcalde Diego García Avilés se alzó sobre las otras para exclamar: «¡Estará peor que ahora!».

La discusión se trasladó a las calles y a los diarios. Mal que bien, se propuso el desfile con el apoyo de los poderosos de la ciudad, y se nombró una Junta de Recaudación, en el intento de desligar la organización de la fiesta del Ayuntamiento de Murcia. Después de una grande polémica, el Entierro de la Sardina pudo celebrarse. Sin embargo, fue tan rápido y deslucido que muchos creyeron que aquel cortejo estaba condenado a la desaparición, a pesar de la dilatada historia que atesoraba.

El primer Entierro, tan improvisado como sabroso, recorrió los barrios de San Antolín y San Agustín en 1851. Fue ideado en la remota Botica de Rubio e impulsado por un grupo de estudiantes que sorprendieron a los vecinos desfilando con hachones y un ataúd. En su interior, el célebre pez. La fiesta incluyó en años sucesivos la lectura del llamado Bando del Casino, después convertido en el actual Testamento de la Sardina.

El éxito del desfile fue tal, que en 1859, apenas cuatro años después de su creación, se incorporó a la marcha «un magnífico bergantín con muchos marinos pescando sardina», según relataban los diarios. Sus dimensiones debían ser considerables si tenemos en cuenta que, como afirmó el periódico La Paz, «iba tirado por dos pares de bueyes que no se veían». No en vano, en algunas calles «tuvieron que arriar las velas para poder seguir».

Gigantes representando los continentes, enanos y escuadrones de caballería, carrozas con alegorías de la aurora, la sanidad, el catafalco de la Sardina, con el dios Neptuno y una interminable fila de hachoneros conformaban este desfile que ya entonces atraía a numerosos turistas. Hace siglo y medio, incluso, se alquilaban balcones y habitaciones con vistas sobre el desfile.

Durante el recorrido, la generosidad innata del murciano se materializaba en diversos presentes, como dulces y pequeños regalos, que los sardineros ofrecían a los espectadores. El cortejo pronto se convirtió en una seña de identidad de la ciudad.

Riadas, crisis económicas y políticas y alzamientos militares siempre fueron los principales enemigos del Entierro que, a lo largo de su historia, tuvo que ser suspendido. Aunque siempre fue recuperado con mayor esplendor. Así sucedió en 1876, año en que el desfile fue impulsado por el periodista Martínez Tornel. La afluencia de público superó las expectativas, hasta el extremo de que los diarios de la capital lamentaron que «de Cartagena sólo hayan venido unas 6.000 personas». Nadie sospechó que, sólo tres años más tarde, la riada de Santa Teresa sepultaría el festejo durante dos largas décadas.

Otro año de esplendor fue el de 1900. Las crónicas, siempre exageradas, anunciaron que 150.000 personas habían disfrutado al paso del desfile, que incluyó 9 carrozas, a pesar de haber sido organizado en apenas mes y medio. La edición de sellos, con la leyenda «Impuesto sardinero», permitió recaudar algunos fondos para garantizar el cortejo.

Poco a poco, el Entierro de la Sardina adquirió fama internacional, que iría alternando con diversos años de suspensiones, unas veces por las Guerras -como sucedió con la I Guerra Mundial o la Guerra Civil Española-, otras por la falta de recursos económicos. Incluso por el fallecimiento de algún monarca, como Alfonso XIII en 1941.

 
 





Fotos del Entierro de la Sardina

Tres días de fiesta sardinera en Murcia
Tres días de fiesta sardinera en Murcia
 (16/04/2012)

Último vídeo del Entierro de la Sardina

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Cartel del Entierro de la Sardina

Cartel del Entierro de la Sardina 2012
Cartel del Entierro de la Sardina 2012

Recorrido del Entierro de la Sardina

Recorrido del Entierro de la Sardina 2010
Recorrido del Entierro de la Sardina

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